Todo el mundo dice que las playas de la costa granadina no son buenas. Pequeñas. muy profundas y sin arena. En nada comparables con las de Cadiz o las de Huelva. Aún dándoles la razón en esto, hay que admitir que los prueblos son preciosos. Salobreña, Almuñecar, La herradura,... son pueblos con belleza y con historia y en otras épocas hasta acogedores con la gente que los visitaba. Pero con los nuevos tiempos llegó el progreso y con el progreso desapareció la hospitalidad. Estos pueblos se han vuelto inhóspitos, desagradables, agobiantes. Alcaldes demagógicos, profesionales de la política durante años. Vividores de la respublica y alimentadores del peseble, dicidieron hace tiempo abrir la veda del foráneo. Todo aquel sin padrón en el municipio es objetivo directo de pillería, trampa y sangrado. No tenemos derecho a nada porque en política el poder lo dan los votos y aquí sólo votan los censados en el municipio en muchos casos pacedores del peseble.
Señores políticos, en otra época democráticos y autocráticos hoy día. ¿por qué en las elecciones municipales no tenemos derecho a voto todos los que pagamos IBI? ¿No somos sufridores de la gestión de estos alcaldes demagógicos? pués que nos dejen participar en su elección para evitar que nos sangren
domingo, 18 de julio de 2010
lunes, 28 de junio de 2010
¿Quosquetandem abuteris patientia nostra oh Sr. Griñan?
Esta pandilla de políticos que nos gobiernan, han conseguido que deje de sentirme andaluz. Ese concepto, tan amplio y rico, que abarcaba desde los desiertos de Almería hasta las marismas de Huelva, donde en principio cabían muchos paisajes, muchos folclores, muchos acentos, muchas formas de ser... ese concepto ha dejado de tener sentido para mí. Los que nos gobiernan confunden las partes con el todo y lo que entienden que es bueno para Sevilla y para ellos, entienden que es bueno para Andalucía. ¡Que craso error! Si ellos defienden sus intereses y los intereses sevillanos, están defendiendo Andalucía. Si un granadino defiende su tierra, sin piedad es tachado de cateto localista. ¡Pues no señor! ¡Ya está bien de aguantar tanta desidia por esta tierra!. No vamos a consentir que nadie nos llame catetos por defender lo que creemos que tenemos que defender. Este imperialismo sevillano empieza a asfixiarme. Que se queden con su Andalucía, que aquí no la necesitamos.
domingo, 11 de abril de 2010
Una anécdota
Un viaje siempre es una nueva experiencia. En algún caso, desagradable. En la mayoría de ellos maravillosa. Conoces nuevos sitios. Conoces nuevas gentes y ves que hay sitios donde sus gentes viven y entienden la vida de una forma diferente a como la entiendes tú. Y sin embargo, con sus riquezas y sus penurias viven su vida y a su manera, llegan a ser tan felices como uno mismo. Un viaje siempre da para muchas anécdotas. Anécdotas divertidas. Tristes anécdotas. Anécdotas preocupantes.
Hace unos días, en uno de mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo (la frase nos es mía, los que tenemos cierta edad sabemos que es de mi amigo Locomotoro), el azar nos llevó a coincidir en un microbus con una familia del País Vasco. A mi lado se sentó un chaval simpático, de unos diez u once años, con el que entablé cierta conversación. El crío, curioso como todos, me preguntó que de dónde éramos. Al responderle que de Granada, con desparpajo me dijo:
- ¿Y eso donde está?.
- En Andalucía. Respondí yo.
- Y Andalucía, ¿donde está?
A esas alturas ya me resultaba difícil explicarlo. No fuera a contestarle que en España y la respuesta fuera la misma pregunta.
Quizás, por la edad que tengo, me resulte incomprensible que un crío de diez o doce años, residente en cualquier territorio de España, no conozca qué es Granada y ni siquiera sepa donde está Andalucía. Si la explicación está en la política educativa de algunas comunidades autónomas que para resaltar sus valores tienen que negar la existencia de los demás, malo. Si por el contrario la explicación es consecuencia de la nefasta política educativa de gobiernos incompetentes durante muchos años, igual de malo. En cualquier caso a ese niño que con diez o doce años no conoce la existencia de Granada, se le está haciendo un flaco favor.
Hace unos días, en uno de mis viajes por todo lo largo y ancho de este mundo (la frase nos es mía, los que tenemos cierta edad sabemos que es de mi amigo Locomotoro), el azar nos llevó a coincidir en un microbus con una familia del País Vasco. A mi lado se sentó un chaval simpático, de unos diez u once años, con el que entablé cierta conversación. El crío, curioso como todos, me preguntó que de dónde éramos. Al responderle que de Granada, con desparpajo me dijo:
- ¿Y eso donde está?.
- En Andalucía. Respondí yo.
- Y Andalucía, ¿donde está?
A esas alturas ya me resultaba difícil explicarlo. No fuera a contestarle que en España y la respuesta fuera la misma pregunta.
Quizás, por la edad que tengo, me resulte incomprensible que un crío de diez o doce años, residente en cualquier territorio de España, no conozca qué es Granada y ni siquiera sepa donde está Andalucía. Si la explicación está en la política educativa de algunas comunidades autónomas que para resaltar sus valores tienen que negar la existencia de los demás, malo. Si por el contrario la explicación es consecuencia de la nefasta política educativa de gobiernos incompetentes durante muchos años, igual de malo. En cualquier caso a ese niño que con diez o doce años no conoce la existencia de Granada, se le está haciendo un flaco favor.
lunes, 29 de marzo de 2010
El curilla
Todos lo llamamos el curilla. Es enjuto, delgado, bajito. El paso de los años lo han ubicado en una especie de edad indeterminada donde el tiempo llega, piensa un poco y parece que se estanca. Tiene un andar ligero, con pasos cortos, como dando saltitos, de manera que parece flotar en el ambiente. Todo el mundo lo quiere aunque su trabajo es pedir dinero. Su sotana, con tantos años como él, es inseparable de su figura. Siempre va cargado de estampas de santos que él te cambia por unas monedas o por algún billete. Cuando lo vemos aparecer todo el mundo se alegra. Marca, con la exactitud de un reloj atómico, el día de cobro. Como si tuviera miedo que nos fuéramos a gastar la paga y sus niños se quedaran sin sus monedas o su billete, nunca falla. Y así años y años y años. Con frecuencia veo en la prensa premios y medallas que se autoconceden personalidades importantes por labores desinteresadas. Personalidades que han ocupado cargos, que han conseguido logros y que en el fondo han vivido de esos cargos y de esos logros. Son personas que en su quehacer ya han tenido su recompensa y que siempre pasarán a la historia chica. Quedarán en las placas de las paredes e influirán en un corto devenir del tiempo. Pero los que de verdad escriben la historia con mayúsculas son personas como nuestro curilla porque durante años permanecen en el corazón de las personas a las que tanto bien hacen. Las élites sólo luchan por su beneficio. Sólo en contadas ocasiones una persona, de la élite o no, se identifica con el pueblo y consigue el progreso de la historia.
viernes, 26 de marzo de 2010
Me considero un hombre afortunado. Delante de mi ordenador tengo una orquídea. Preciosa flor, que no es mía, pero que me acompaña desde hace algunas semanas en mi deambular por este blog. Desde mi ventana, además, tengo una vista magnífica de un Pico del Veleta nevado y majestuoso, con un color rosado que anuncia el fin de la tarde. Y para culminar y disfrutar de mi labor creativa me propongo llenar el resto de la tarde dando unas pinceladas locas al cuadro pseudocubista que pretendo terminar en unos días. Todo un lujo en este mundo raro y rápido en el que estamos inmersos. Las semanas pasan a una velocidad de vértigo y yo cada día pretendo con más ahínco disfrutar de cada momento que me ponga delante la vida. Sin más pretensiones. Sin otras pretensiones que vivir profundamente el atardecer del veleta, o el sabor de una copa de vino. Adiós a otra semana de problemas. De reuniones interminables. De ayudas públicas sin sentido. De amigos que no saludan. De chismes y de comidillas. Adiós a las pompas y a las obras a las que tanto aspiran tantos. El que quiera figurar, que figure. El que quiera mandar, que mande. El que quiera medrar, que medre. Yo a lo mío.
miércoles, 24 de marzo de 2010
Desde luego, cada caso particular que ocurre no es lo que ocurre en la realidad, pero cuando muchos casos particulares suceden de la misma manera hay que empezar a pensar que lo particular puede estar convirtiéndose en lo general. Esto, que parece un trabalenguas, es lo que sucede con relación a la opinión que los ciudadanos tienen sobre los políticos. Desde hace mucho tiempo no he hablado con nadie que tenga buena opinión de los mismos. Es más, en la gente cercana a mi, la opinión generalizada es que no hay uno bueno, ni de un partido ni de otro. Es opinión común que la gente entra en política para medrar en su beneficio y nunca para trabajar por el bien de todos. Evidentemente esto no son más que opiniones individuales, pero últimamente escucho demasiadas opiniones individuales que coinciden en este sentido.
Cuando uno se sube en el coche oficial, sin duda viaja más cómodo y probablemente más rápido, pero deja de andar por la calle. Deja de pisar baches y de tropezar con farolas. De subir en el autobús y de tomar café en el bar de la esquina. Y deja de saber que hay baches y de saber cuanto cuesta el café del bar de la esquina. Nuestra democracia se está anquilosando y las castas que empiezan a aparecer no son buenas para nadie, ni siquiera para las castas superiores.
Como imaginar es gratis e infinito y no tiene límites, creo que deberíamos de empezar a imaginar nuevas formas de participación en la "res pública". Nuevas formas que profundicen en la democracia. Nuevas formas donde tengan mucho más peso los ciudadanos que los partidos políticos. Estamos en la era de las comunicaciones, de internet. Medios que se han metido en nuestras casas, que parece que están desde siempre y sin los que ya no podríamos vivir. Imaginemos qué interesa a la gente común y no a los partidos. Pongamos a volar la imaginación. Y pongámosla todos. Si el cambio no lo hace la casta política, al final, cómo siempre, lo tendrá que hacer el pueblo.
lunes, 22 de marzo de 2010
No lo entiendo. Hay cosas que no entiendo ni llegaré a entender nunca. Hace tiempo que quisiera escribir un libro titulado "Sentido común" y creo que me voy a animar pronto porque hay cosas que rozan el absurdo o que son el absurdo en sí mismas. Propiciado por una casta de políticos y gestores incompetentes hemos llegado a vivir en una sociedad donde el sentido común, como decía el castizo, es el menos común de los sentidos y creo que las personas normales deberíamos decir basta y promover una cruzada contra tanta inutilidad. Esta tarde, los alumnos de historia del arte de la Facultad de Bellas Artes, con motivo del estudio del arte Nazarí, hemos pedido al profesor nos prepare una visita a la Alhambra y así poder estudiar in situ esta maravilla de monumento. El profesor nos ha respondido que estará encantando de organizar dicha visita, que además podrá ser gratuita, pero que en ningún caso podrá dar ningún tipo de explicación durante la misma. Dicho privilegio está reservado a los guías turísticos y prohibido totalmente los profesores. Seguro que el majadero que tomó dicha decisión tuvo sus razones. Si alguien las conoce, por favor, me las haga llegar que siento curiosidad. Que un profesor en el uso de su cátedra no pueda adoctrinar a sus alumnos dentro de un monumento público resulta, cuanto menos, chocante.
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