martes, 31 de marzo de 2020

La buena economía

En mis años de bachillerato tuve la suerte de tener muy buenos profesores. Eran otros tiempos. Mucha exigencia y mucha responsabilidad sin que fuera un mundo plomizo. Lo pasaba bien. El latín y el griego eran asignaturas fuertes. Traducía a César y a Cicerón. De aquella época me queda un regusto clásico que me lleva a sentirme tremendamente atraído por los romanos y los griegos, cuna y fundamento de nuestra civilización. El profesor de griego nos machacaba con las etimologías y por culpa suya me ha quedado la manía de buscar cuál es el origen de las palabras. Siempre que puedo y sé, rebusco la palabra latina o griega de donde pueda proceder la palabra de nuestro vocabulario.

La verdad es que la etimología nos ayuda muchas veces a comprender de una forma sencilla el significado de las palabras. Por eso la traigo a colación con la palabra economía. La economía nos suena a algo inalcanzable, complejo. Sólo al alcance de sesudos señores, economistas, que escriben y hablan para ser entendidos por una élite que se mueve en el centro de los negocios o de la política. y además tienen la mala costumbre de soltar anglicismos a diestro y siniestro para hacerse menos inteligibles y con ello más cercanos al Olimpo. No les hagamos caso. Esto es mucho más simple de lo que parece. ¿De dónde procede la palabra economía? Si la buscamos en un diccionario, aunque esto ya está en desuso desde hace muchos años y quizá lo más rápido sea preguntarle al Guguel, veremos que procede de las palabras Oikos y Nomos. La palabra Oikos en griego, significa casa. La unidad familiar sobre la que se asentaba la sociedad en las ciudades estado griegas. Y nomos eran las reglas escritas y no escritas que regían la actuación de la sociedad. La palabra economía significa, por tanto, gobierno o administración de la casa. Si somos capaces de administrar nuestra casa, somos entendidos en economía. Hoy día la economía se ha convertido en una ciencia sesuda, difícil, complicada. Yo diría que casi odiosa porque se ha abstraído de la gente normal para situarse en una élite de la que rara vez entendemos su utilidad, cuando en realidad todo es tremendamente sencillo. Lo único que tenemos que observar es cómo se administra una casa en sus variables más corrientes: ingresos y gastos, inversión y financiación. Cómo se potencian los ingresos (si se puede) y cómo se controlan los gastos (si te dejan). Cómo se decide si compras una casa y cuánta hipoteca vas a pedir, o cómo conseguimos una tarjeta de crédito para llegar a fin de mes. La administración de una casa no es difícil pero sí requiere de la toma de decisiones continuas, la mayoría de las veces, de pequeño calado que afectan poco al monedero y a la cuenta corriente y en alguna otra ocasión, decisiones complejas que te afectan de una forma significativa para la mayor parte de la vida (véase la compra de la vivienda). La gran mayoría de las familias administran de una forma ordenada su pequeño o gran patrimonio. Normalmente y salvo en contadas ocasiones, nadie gasta más de lo que ingresa y si se endeuda tiene previsto perfectamente cómo pagará las cuotas de su préstamo. Siempre que se puede, que no siempre se puede, las familias procuran ahorrar una parte de los ingresos, bien para imprevistos, que siempre se presentan, bien para futuras inversiones o gastos que a ciencia cierta saben que van a llegar. Quitando casos y momentos excepcionales, como la crisis de 2008 en el que el endeudamiento de familias y empresas fue muy elevado por la orgía de liquidez que llevaron a cabo los bancos centrales, las familias no se meten en más de lo que pueden. Si pueden salir a cenar, salen y si no se toman una cerveza con una tapita y a casa. Si pueden ir de vacaciones al Caribe, se van al Caribe y si no se van al pueblo a recordar viejos tiempos y a bañarse en el río. Si el hijo puede ir a estudiar a Londres, sin duda que irá a Londres y si no irá a la Universidad más cercana que también será excelente.  La inversión de su vida que es la vivienda, se hace dando muchas vueltas a cómo se pagará el préstamo y si no, para eso está el banco que seguro se lo va a pedir. Y todo lo anterior sin duda está limitado por un techo de gasto que es el sueldo o los ingresos que entren en la casa. Algunas familias, las más ordenadas, hacen hasta su presupuesto por escrito: cuánto ingreso, cuánto gasto, cuánto invierto y cuánto ahorro.

Bien, pues esto que es tan entendible cuando nos movemos en el ámbito familiar y privado se nos complica terriblemente cuando nos vamos al ámbito nacional y público. Ahí parece que nos metemos en una maraña de vocablos y conceptos que hacen imposible que el ciudadano de a pié consiga entender cómo se mueven y administran los números de la Provincia, Autonomía o Estado. Si hacemos abstracción del volumen de las cifras y de la gran cantidad de conceptos, la gestión del ámbito público no difiere gran cosas de la del ámbito familiar. Todo se reduce a saber cuánto puedo ingresar y cómo y dónde lo voy a gastar, o sea, la realización de los Presupuestos Generales, pieza fundamental en la administración de cualquier Estado. Complejidades aparte, todo se reduce a saber qué ingreso y qué gasto, lo que pasa es que en función de la política a desarrollar se pone antes el gasto que el ingreso o al revés.  En la economía familiar está claro cómo se hace. Tenemos unos ingresos y miramos cómo los podemos gastar de la forma más provechosa y eficiente. En el ámbito público no está tan claro. Es más, en la mayoría de las ocasiones se decide antes lo que se quiere gastar y luego se mira a quién sablear para conseguir los recursos necesarios.

Los ingresos. El dinero de que dispone el Estado proviene fundamentalmente de los impuestos en todas su variedades. Directos, indirectos y circunstanciales. Así como en el ámbito familiar los ingresos normalmente están claros, la nómina de fin de mes. En el ámbito público no siempre es así ya que dependen de muchas variables y circunstancias, dándose con frecuencia el caso de tener unos gestores largamente optimistas en la previsión de esos ingresos. Lo que nos lleva al problema de tener unos gastos que son reales y unos ingresos previstos que no siempre se alcanzan. Como decía un jefe que tuve, lo que hay en la cesta es pescado, lo demás son peces y esto hay que tenerlo en cuenta. Luego, hay un error de bulto con el que topamos con frecuencia a la hora de la política y es no valorar el origen del dinero. Si, tal como decía una señora ministra, el dinero público no es de nadie, tendemos a pensar que es infinito y que los recursos del Estado son ilimitados. A partir de ahí todo se convierte en un sin sentido. Si el dinero público es infinito también vamos a pensar que los gastos pueden ser infinitos. No hay que perder de vista, como he oído esta mañana en la radio, que todo el dinero público, antes de ser público fue privado.

Los gastos. Se trata de decidir si nos vamos a Cancum de vacaciones o compramos comida para el perro. Si nos pagamos un seguro médico o alquilamos una casa en la playa. Si hacemos un hospital, llevamos el Ave a la puerta de casa o mantenemos cuatrocientos mil políticos con sus sueldos y todo. Eso sí, si compramos el iphone, no podremos salir a cenar los próximos tres meses. Si hacemos un aeropuerto en cada ciudad a lo mejor no llega para mascarillas y hay que recortar en sanidad o educación. En la economía familiar definir el gasto no es nada complejo ya que los intereses son muy parecidos y si hay discrepancias alguien lo soluciona. La hija le puede decir al padre que le ha recortado el presupuesto en ropa, pero la protesta no pasa de ahí porque todos saben perfectamente que hay que comprar una lavadora nueva. En la economía nacional esto se complica un poco porque nadie entiende que no hagan la autovía hasta su provincia cuando todas las provincias de alrededor la tienen. Nadie entiende que no hagan el instituto del pueblo cuando sí hay un presupuesto para el Ejército. Nadie entiende que haya que bajar los gastos cuando  bajan los ingresos porque todo se diluye en una maraña gigante de partidas presupuestarias y presiones para conseguir una parte de la tarta. Y nadie entiende que de algún sitio hay que recortar cuando la tarta se hace más pequeña.

El déficit. Cuando se presupuestan más gastos que ingresos se genera un déficit en el presupuesto. Esto en la economía familiar tiene un nombre: préstamo. Y en la economía pública también. Si se gasta más de lo que se ingresa hay que pedir que alguna persona o institución te preste lo que falta. Alguien tiene que poner el dinero. Pedir un préstamo un año, no es ni bueno ni malo; depende. Casi todas las familias han acudido a la financiación en algún momento de su vida. La compra de un ordenador en la que aplazas las cuotas doce meses. La financiación del coche. La hipoteca para la vivienda. Las vacaciones del año que las pagas en seis meses. El problema se plantea cuando el déficit es crónico y todos los años tienes que endeudarte para pagar lo que estás gastando. En algún momento hay que parar y pagar la deuda a fuerza de ingresar más o gastar menos. La financiación tiene un efecto perverso y es que viene genial cuando la recibes pero en los años posteriores hay una parte de tu presupuesto que se volatiliza en forma de intereses sin aportar ningún beneficio a la comunidad. En el ámbito público, el déficit acumulado genera una bola que se remansa en la deuda del estado. Esta deuda crece y crece y crece hasta la pagas o quiebra la economía. En una administración prudente lo lógico es endeudarse en los años que se ingresa poco y pagar esa deuda en los años buenos. Siempre es necesario tener capacidad para endeudarse. ¿Qué pasó en 2008? Que había una gran cantidad de familias que destinaban a pagar préstamos más de la mitad de sus ingresos. Cuando disminuyeron los ingresos ya no quedó dinero para pagar los préstamos y seguir viviendo y vino el colapso de la economía. También había muchos Estados en la misma circunstancia. La actividad económica se paró. Disminuyeron los ingresos y hubo que acudir a más financiación. ¿Problema? que ya no había más capacidad para pedir préstamos en circunstancias aceptables y tuvieron de acudir al rescate para seguir subsistiendo. (El rescate no es más que un modo de financiación en el que las condiciones, normalmente muy exigentes, las pone el que presta el dinero y además controla los ingresos y los gastos para asegurarse de que cobrará su préstamo)

En España todo el mundo nos quejamos de los recortes, pero se ve que no han sido suficientes cuando todos los años tenemos déficit acumulado y la deuda en vez de disminuir sigue y sigue aumentando. Ahora, ante una catástrofe como la que estamos viviendo, tenemos una capacidad muy limitada de endeudamiento. O nos salva el BCE comprando nuestra deuda o rescate a la vista.

Es una pena que la economía, tan entendible en el ámbito familiar, se complique o la compliquen tanto cuando de dineros públicos se trata.







martes, 6 de octubre de 2015

My tailor is rich

Soy de una generación predemocrática. En aquella época, los que tenían la suerte de estudiar, rara vez estudiaban inglés. No sé si por cercanía, por complejo o por raíces comunes, la lengua extranjera más común en las escuelas de aquella época era el francés. Yo tuve la suerte de tener buenos profesores y a fuerza de repetir vocabulario y estudiar gramática conseguí un nivel aceptable de conversación y comprensión que me permitió pasar varios veranos en París disfrutando de la juventud en una ciudad maravillosa.

Pasado el tiempo y ya metido en el mundo laboral me di cuenta que con el francés sólo podría ir a Francia pero difícilmente me iba a poder mover por otros mundos más complejos, como era el de las finanzas. Como siempre he sido un poco autodidacta busqué (ni existía internet ni siquiera había ordenadores)  y conseguí el mejor método que por aquel entonces se podía encontrar. El método Assimil, "El inglés sin esfuerzo". Con mi libro y mis cassetes me topé con la primera frase que muchos aprendimos y como un mantra en nuestra mente, dificilmente se nos va a olvidar: my tailor is rich. Desde entonces hasta ahora han sido cientos, si no miles de horas de academias, profesores particulares, métodos individuales, lecturas inglesas, películas en inglés.... para al final conseguir dar las gracias en los restaurantes o poder pedir una beer sin que el camarero me ponga mala cara. Me río yo del título de mi primer método. Media vida de esfuerzo para obtener un resultado paupérrimo.

Nunca he tirado la toalla, pero sí he bajado el listón de las expectativas. De hecho, hasta hace unos meses, el inglés había pasado a algún rincón oscuro del subconsciente donde ni me agobiaba ni ya era un reto para mi. Soy consciente que es la lengua del imperio y como tal es necesario conocerla. Además, si Europa quiere progresar como Unión, necesita una lengua común y con el inglés ya se lleva mucho camino andado.

Los españoles siempre nos quejamos de nuestros problemas con las lenguas. Nos cuesta dominar cualquier idioma. Yo siempre me he preguntado por qué los niños que estudian inglés en la escuela desde los cuatro años o antes, llegan a la universidad sin un nivel aceptable del idioma. Ahora, por motivos que no vienen al caso, creo que lo entiendo. En las escuelas se enseña mucho inglés. Se estudia mucho inglés y en algunas se exige mucho inglés. Pero en muy pocas se habla inglés. Los niños aprenden vocabulario. Estudian gramática. Colorean frases. Rellenan fichas... pero no hablan inglés. Con toda la modestia del mundo, ya que soy profano en la materia, creo que todos los métodos de enseñanza que se utilizan en la escuela pública están equivocados. En mi opinión los niños deberían estar, al menos, tres años sin libros, ni fichas, ni activity books. Sólo hablando y hablando y hablando.No sé por qué nos empeñamos en que aprendan la lengua escribiendo cuando lo natural es todo lo contrario. De pequeño primero se aprende a hablar y luego, cuando tienen la madurez suficiente, se aprende a escribir. Aquí lo hacemos al revés y así nos va.

Conozco una joven persona extranjera que lleva dos años en España y sin conocimientos previos, habla español perfectamente. Y ahora está aprendiendo a escribir castellano. No sé por qué con la enseñanza de los idiomas nos empeñamos en lo antinatural.


jueves, 12 de febrero de 2015

Los ejemplos (buenos y malos)

Leía el otro día en la prensa, que su Majestad, Felipe VI, se había bajado el sueldo arrastrando en su bajada todos los emolumentos correspondientes al resto de los miembros de la Casa Real. Tanto el rey, como la Reina, como sus padres habían sufrido una bajada que, si la sufrieran algunos en su sueldos, podrían llegar a estar de muy mal humor. Estamos en tiempos de austeridad y es necesario dar EJEMPLO. El Rey como jefe del estado debe estar acorde con las circunstancias que rodean al resto de sufridores de la nación. En un entorno donde se ha despedido al personal de las empresas de forma salvaje. Donde se han perdido pagas extras por muchos trabajadores y todos los funcionarios. Donde se han aumentado las subcontratas de manera insolente. Donde ser mileurista hoy día es un lujo. Un entorno donde en el mejor de los casos te contratan por tres horas. Donde tienes que besar todos los días la hierba que pisa el señor que te contrata. Donde se ha perdido la carta de los restaurantes y se han popularizado exponencialmente los menús económicos. En un entorno como este, hay que dar ejemplo.

Hay acciones que por su relevancia en sí o por la importancia de la persona que las realiza, trascienden del ámbito particular para entrar a jugar en la escena de lo público. Estas acciones se convierten en ejemplo para alguien. Tienen trascendencia. Importancia para otros. Unas veces son acciones cotidianas, aparentemente sin importancia, que influyen positivamente en un entorno reducido, como el padre que no pide que le traigan un vaso de agua cuando está a la mesa, sino que se levanta a por él. Y el hijo lo ve. Y toma ejemplo. Otras serían descomunales y su influencia llegaría urbi et orbe, como si el Papa vendiera el Vaticano para promover con su dinero escuelas en el mundo. Esto lo vería todo el planeta y muchos tomarían ejemplo.

Los ejemplos, por desgracia, también pueden influir de forma negativa. Como muestra, parece ser que unos señores (y señoras para ser progre), por salir en un programa de televisión y tocarse literalmente las gónadas, cobran una millonada. Muchos que vean ese programa pueden aspirar a realizar las misma acción y que encima les paguen. Un ejemplo que también parece que está cundiendo con bastante frecuencia en este país. 

En realidad casi todas las acciones y comportamientos que realizamos influyen de una forma o de otra en el entorno donde se difunde. Esto lo saben bien los políticos y por supuesto su Majestad, que con la acción que ha realizado, sin duda ha pretendido lanzar a los ciudadanos un mensaje de austeridad y de estar al lado de los más débiles. Todo lo que he leído y oído sobre este comportamiento han sido elogios, alabando el buen hacer del Rey. No obstante y admitiendo la buena intención de la acción, desde mi más profunda modestia siento discrepar de estos elogios. Pienso que esta acción del Rey, siendo bienintencionada, va a ser contraproducente para el bienestar la clase trabajadora. Sin duda muchos empresarios, (eso sí, de buena fe) van a pensar que si el Rey se baja el sueldo, ellos no deben seguir un criterio contrario en las retribuciones de sus trabajadores. Los emolumentos de los funcionarios no deberían seguir un criterio diferente al establecido por la máxima autoridad del país. Si se lo ha bajado el Rey, ahora debería bajarlo también el Presidente del Gobierno y luego los ministros, y los directores generales y los jefes de servicio, y los oficiales. Y así hasta llegar a los becarios. De esta manera nos podemos ver abocados a una espiral de bajada de sueldos que deje el consumo en este país tiritando por muchos años. 

En este país, que tanto nos gusta seguir el ejemplo de los otros (no hay más que ver la cantidad de mangantes que se han ido sucediendo en cadena), en mi opinión el Rey debería plantear una importante subida de su sueldo para que cunda el ejemplo. El gobierno, siguiendo este ejemplo, debería subir el sueldo de los funcionarios, incrementar las pensiones y elevar el salario mínimo interprofesional. Los empresarios para no ser menos, se verían casi obligados a subir los sueldos de los trabajadores. Esto haría incrementar de un forma importante el consumo, lo que arrastraría a una subida de sueldos del sector servicios y en la industria y así todo sería positivo para el país y su gente. Lo que puede hacer un buen ejemplo.

Creo que hay que tener cuidado con los mensajes que se mandan. Majestad, no sea timorato ni haga caso de algunas tertulias. Súbase el sueldo a ver si con su ejemplo también llega a los demás.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Educación

Tengo que reconocer que no soy persona de muchos amigos. Las relaciones humanas, sin serme una carga, tampoco son una de mis habilidades. No obstante, de lo que sí me precio es de saber elegirlos. Los pocos que tengo son excepcionales y cada uno de ellos destaca en algún arte, virtud o valor. Para muestra de ello basta un botón. Aquí os dejo el enlace del blog de mi amigo José Manuel, experto en algunas cosas, excelente persona y apasionado del Neuromarketing: Pod(r)emos? . Y ojalá podamos.

La lectura de este artículo ha hecho que, después de tanto tiempo, coja el teclado y me ponga a divagar un poco en mis reflexiones. Son muchas las cosas que hay en el ambiente, que rondan por la calle. Son muchos los sucesos que son noticia. Los casos de trincar se suceden día tras día haciendo que el cabreo de la gente alcance unos niveles cercanos a la explosión. "Estamos hartos", se escucha a los más comedidos. "Estamos hasta lo cojones" dicen los menos cautos. Sea como fuere este rosario de trincaeras está poniendo en peligro nuestra propia convivencia.

Después de casi cuarenta años de democracia hemos perdido el gusto de saborearla. Ya no nos llena ni la valoramos. Hemos dejado de apreciarla. Los que aún recordamos la dictadura, afortunadamente, tenemos ya muchos años. Y los más jóvenes, los que siempre vivieron pudiendo expresar su opinión, quieren algo diferente. Esto no les sirve. "Esta democracia es un pocilga" cantaban el otro día en la calle un grupo de profesionales de la protesta. Y a mi me daba pena oírlos porque no llevan razón. Esta democracia, con todos sus defectos, es el mejor sistema de gobierno que hemos tenido en toda la historia de España.

La democracia, con sus peculiaridades, como forma de gobierno, es inigualable. La inventaron los griegos hace dos mil quinientos años aproximadamente. Luego desapareció para resurgir con las democracias liberales en el siglo XIX. Su andadura no está siendo fácil. Su fuerza proviene de su propia debilidad. La democracia sólo se defiende profundizando en la propia democracia. Las crisis del siglo XX llevaron a algunas naciones a explorar otros caminos. Los comunismos trajeron opresión, cárcel, muertes y ruina económica. Los fascismos trajeron opresión, cárcel, muertes y ruina total. Todos fracasaron, siendo el remedio peor que la enfermedad. Los fascismos perdieron la guerra y están donde tienen que estar, totalmente proscritos. Los comunismos ganaron la guerra y consiguieron una supremacía moral que nunca han merecido. En momentos de crisis aparecen los populismos y las dictaduras, que en muchos casos son lo mismo. Las gentes, cansadas de ladrones, hartas de los problemas económicos, faltas de esperanza, se echan en brazos de mesías que prometen el cielo, sin valorar suficientemente las consecuencias de sus decisiones.

El problema no es el sistema. El problema son las personas que componen el sistema. Sistemas similares al nuestro funcionan perfectamente en el centro y norte de Europa. Funcionan desde hace varios cientos de años y han sobrevivido a muchos avatares. Pero son naciones que se toman muy en serio la "Res-Pública". La cosa pública es importante porque es de todos y a todos afecta y todos la respetan. Este respeto por la res-publica, por los bienes públicos, es fundamental para avanzar en la democracia. Mientras los ciudadanos no valoren los bienes comunes, que proceden del esfuerzo de todos. Mientras los miembros de la comunidad no aprecien las contribuciones del resto de sus conciudadanos. Mientras no aprendamos que la libertad de cada uno termina donde empieza la de su vecino, difícilmente podremos mantener esta democracia. Y eso sólo se aprende aprendiendo.

Desde el primer momento que un régimen toca poder, fundamentalmente se afana por controlar dos cosas, los medios de comunicación y la educación.Cuando los soviéticos tomaron Berlín en la segunda guerra mundial, se encontraron que estaba defendida por adolescentes, miembros de las juventudes hitlerianas, a los que una educación programada les habían hecho creer en las bondades de un régimen nefasto y destructivo. Una educación decente, profunda, que transmita los valores democráticos, es esencial para un amplio desarrollo de la convivencia. La libertad sólo se consigue con la educación. Podremos ser ricos o pobres, pero solamente seremos libres si somos capaces de tomar nuestras propias decisiones. El conocimiento de las cosas. La capacidad para valorar la bondad de los hechos en base a nuestros propios principios. Evitar la manipulación y la demagogia, sólo se consigue con una educación de calidad.

Si queremos exigir un sistema democrático, exijamos educación democrática.



lunes, 30 de junio de 2014

Las Sicav y la Estulticia

Si digo que una Sicav es una sociedad de inversión de capital variable que forma parte de las Instituciones de Inversión Colectiva, estaría diciendo algo tan cierto, como que la tierra gira alrededor del sol y tan incomprensible para el común de los mortales, como la estructura del átomo. Ahora bien, si digo que es una forma de ahorrar igual que invertir en un fondo de inversión, comprar una casa o contratar una imposición a plazo fijo, quizás nos vayamos entendiendo mejor. Vamos a suponer que este blog llegaran a leerlo mil personas que después de diez años de trabajo hubieran conseguido ahorrar cada una 2.400€. Vamos a suponer que yo fuera tan persuasivo para convencerlos de las bondades de las Sicav y los mil se decidieran a constituir una de estas sociedades para invertir sus ahorros y poder gestionarlos de acuerdo con sus criterios de riesgo e inversión. Pues podríamos hacerlo. Cada uno invertiría sus dos mil cuatrocientos euros ahorrados y entre todos tendríamos invertidos 2.400.000 que es el capital mínimo exigido.A partir de ahí podríamos ganar o podríamos perder. Esa sociedad o Sicav que habíamos creado pagaría cada año el 1% de sus ganancias. Yo, de mis 2.400 € no pagaría nada hasta que no me los llevara. Seguimos suponiendo y suponemos que después de tres años vendo mi participación y me llevo 3.000€. En ese momento pagaría lo que correspondiera de los 600€ que habría ganado. Hasta ahí, todo normal. Lo mismo pasaría si invierto en una casa, si adquiero un local o si compro acciones del Banco de Santander. Pagaría impuestos en el momento de la venta, por los beneficios obtenidos, de acuerdo con las normas tributarias. 

Esta tarde escuchaba en la radio que este tipo de inversiones son legales pero no son éticas. El mismo argumento que ha llevado a dimitir de su escaño a un flamante pero antiguo eurodiputado que se ha enterado por casualidad que tenía alguna participación en este tipo de sociedades. La estulticia de algunas personas, por desconocimiento o por maldad, no tiene límite. 

¿Donde está el problema de las Sicav? Que lo tienen. Imaginaros que yo soy un tío de pasta. De mucha pasta. Cien millones de Euros. O más.Y que necesito invertir controlando la inversión y pagando los mínimos impuestos. Pues creo una Sicav. Busco a 99 personas (el mínimo para constituir una Sicav son 100 socios) que pongan el 0,01% del capital y el 99,99% es mío. A partir de ahí tengo una inversión de 100 millones de euros de la que sólo pago el 1% de los beneficios que genere. Ese es el problema, que un instrumento que se ha pensado para que inviertan muchas personas, se tergiversa su uso y mediante un fraude de ley se utiliza para algo para lo que no estaba pensado. 

Puestos a dimitir que dimitan por pedir una factura. Solicitar una factura es lo habitual, es lo legal y es lo correcto. Lo que no es legal es pedirla sin Iva. ¿Entonces? Que se persiga el fraude, pero no el instrumento.


martes, 27 de mayo de 2014

LA PREGUNTA DE YALI

Mi amigo Paco es un hombre inteligente, de gran memoria. Más que culto, tremendamente cultivado. No sé como se las arregla, pero siempre puede intervenir en cualquier conversación hablando con fundamento del tema que se debata. El día que él quiera, será más que un crack, porque un crack ya lo es. Pero tiene que querer. Su conversación es amena, aunque verse sobre el tema más complejo. El otro día, charlando sobre los orígenes de la humanidad me contaba la historia de la pregunta de Yali. Yali era un aborigen de Nueva Guinea de una curiosidad insaciable que en una conversación con un geobiólogo blanco le preguntó porqué los blancos habían llegado a su tierra con tanto "cargamento" y los habían sometido. Jared, el geobiólogo le respondió que los blancos tenían unas armas más poderosas y una tecnología superior. A lo que Yali contestó que eso era evidente, pero ¿porqué tenían esa tecnología?. A raíz de esa conversación Paco me recomendó el libro "Armas, gérmenes y acero" de Jared Diamond. Libro que estoy leyendo y que, a quién tenga algo de curiosidad por estos temas, recomiendo fervientemente. 

El profesor Diamond sostiene que unos siete millones de años A.C. la raza de los homínidos se separó en tres ramas. Una se convirtió en los actuales chimpancés. Otra en los gorilas y la tercera en los actuales humanos. Según el estudio de los fósiles, estos inicios se produjeron en África. Lugar de donde, a lo largo de millones de años, fuimos poblando todos los lugares de la tierra. El mapa que reproduzco del libro explica con tremenda claridad cómo, cuándo y dónde los humanos se fueron expandiendo por todos los continentes hasta no dejar libre ni un solo hueco del planeta.


Desde los orígenes de Africa, la raza humana fue evolucionando, expandiéndose. Y palmo a palmo, metro a metro, fue ocupando todos los lugares de la tierra hasta llegar a dominarla de tal manera que apenas hemos dejado espacio para otras especies de animales. Tanto hemos evolucionado, que llegamos a inventar la democracia para que esta cantidad de bichos que poblamos el planeta consigamos vivir de una forma medio decente consiguiendo una entente cordiale . 

Después de tanta evolución, llegamos al domingo pasado, donde unos cuantos millones de europeos pusimos nuestro voto en las urnas para elegir un parlamento que muy pocos saben para qué sirve y al que la mayoría nos tomamos a broma, utilizando dichas votaciones para darle el estacazo al gobierno de turno. Lo que pasa es que en esto de votar a la contra mucha gente se ha pasado tres pueblos. Ahí tenemos a los franceses dándoles la mayoría a un partido ultraderechista, xenófobo y racista, similar a algún otro que ya lió una buena tangana (por decirlo de forma suave) en Europa no hace tanto tiempo. Esto de la xenofobia es algo que nunca he terminado de entender, pero desde que vi el dibujo del profesor Diamond me parece una de las cosas más ridículas que puede pasar por una mente humana. Si todos venimos del mismo sitio, el ser emigrantes sólo es cuestión de tiempo. En algún momento, a lo largo de los últimos siete millones de años, alguno de nuestras antepasados cogió la maleta y se fue a otro sitio. ¿De dónde le viene la superioridad a estos racistas?. Lo siento por ellos, pero emigrantes somos todos.

Por cierto, el que quiera saber la respuesta a la pregunta de Yali, que lea el libro

domingo, 18 de mayo de 2014

Líderes

Normalmente, prácticamente a diario, me gusta ojear la prensa digital para tratar de estar al día en los asuntos más perentorios que suceden a mi alrededor. Hace tiempo que perdí la buena costumbre de sentarme a leer el periódico y, con calma y sosiego, leer noticias y artículos de opinión. Lo que he perdido en calidad lo he ganado en inmediatez y en diversidad. Cuando antes leía uno o a lo más dos periódicos, ahora puedo ojear titulares y leer artículos de prácticamente toda la prensa digital, con lo cual puedo llegar a entender la noticia y a formarme mi opinión sobre ella de una manera más imparcial de lo que podía hacerlo antes. 


El otro día, en uno de estos repasos periodísticos vi una foto dónde se mostraba a señores (y señoras) elegantes, serios, reflexivos, escuchando muy atentos la disertación de uno de ellos. El titular de la foto estaba rubricado con la palabra: "Líderes". Esta palabra me llamó poderosamente la atención, ya que últimamente la palabra líder ha aparecido con cierta frecuencia en diferentes ámbitos en los que me he desenvuelto.

Cuando trato de entender el concepto de alguna palabra siempre me gusta consultar su etimología para comprender mejor la esencia de su significado. El latín y el griego, con frecuencia, suelen aclararnos mucho de lo que a veces no entendemos en español, pero en este caso no es el caso. Líder es un anglicismo, que como tantos otros últimamente, hemos adoptado en castellano. Lo que nos indica el diccionario de la RAE es lo siguiente: (Del ingl. leader, guía).  O sea una palabra de origen inglés cuyo significado es guía. Este significado enseguida trajo a mi memoria la definición que mi amiga Carmen de Bellas Artes me dio el otro día hablando de la falta de liderazgo existente en nuestra sociedad. Según Carmen, líder es el que se pone al frente del grupo, lo estimula, lo enaltece, lo respeta y trata de mostrarle el camino para llegar a un buen fin. Y todo lo anterior, dando ejemplo de cómo se hacen las cosas.

Si asumo como buena la definición de Carmen, se me hace bastante difícil encontrar algunos líderes en esta sociedad en que vivimos. Encontrar gente que se ponga al frente del grupo es tremendamente fácil. Son muchos los que quieren mandar, estar en el candelero, salir en la prensa. Son legión los que "matan" por estar en las listas, por llegar a la cúspide, por conseguir el aplauso, pero no sé si encontraremos alguno que estimule a su gente, que la enaltezca respetándola y que le sirva de guía para conseguir un buen fin. La mezquindad en los que mandan es moneda común. La falta de respeto hacia los compañeros y subordinados, cuando no la amenaza y el chantaje están presentes con demasiada frecuencia en muchos ámbitos de la vida política y laboral. La escasez de miras a largo plazo para buscar objetivos ambiciosos y encontrar los medios para lograrlos es lo más común en la mayoría de nuestros "líderes". Y además, muy pocas veces son ejemplo de nada bueno, antes bien, mejor no los imitemos nunca.

Si al final Carmen va a llevar razón. Líderes de traje y boquilla hay a montones, pero LÍDERES con mayúscula, vamos a empezar a buscarlos hasta que encontremos alguno. Suerte para quién lo encuentre.