domingo, 18 de mayo de 2014

Líderes

Normalmente, prácticamente a diario, me gusta ojear la prensa digital para tratar de estar al día en los asuntos más perentorios que suceden a mi alrededor. Hace tiempo que perdí la buena costumbre de sentarme a leer el periódico y, con calma y sosiego, leer noticias y artículos de opinión. Lo que he perdido en calidad lo he ganado en inmediatez y en diversidad. Cuando antes leía uno o a lo más dos periódicos, ahora puedo ojear titulares y leer artículos de prácticamente toda la prensa digital, con lo cual puedo llegar a entender la noticia y a formarme mi opinión sobre ella de una manera más imparcial de lo que podía hacerlo antes. 


El otro día, en uno de estos repasos periodísticos vi una foto dónde se mostraba a señores (y señoras) elegantes, serios, reflexivos, escuchando muy atentos la disertación de uno de ellos. El titular de la foto estaba rubricado con la palabra: "Líderes". Esta palabra me llamó poderosamente la atención, ya que últimamente la palabra líder ha aparecido con cierta frecuencia en diferentes ámbitos en los que me he desenvuelto.

Cuando trato de entender el concepto de alguna palabra siempre me gusta consultar su etimología para comprender mejor la esencia de su significado. El latín y el griego, con frecuencia, suelen aclararnos mucho de lo que a veces no entendemos en español, pero en este caso no es el caso. Líder es un anglicismo, que como tantos otros últimamente, hemos adoptado en castellano. Lo que nos indica el diccionario de la RAE es lo siguiente: (Del ingl. leader, guía).  O sea una palabra de origen inglés cuyo significado es guía. Este significado enseguida trajo a mi memoria la definición que mi amiga Carmen de Bellas Artes me dio el otro día hablando de la falta de liderazgo existente en nuestra sociedad. Según Carmen, líder es el que se pone al frente del grupo, lo estimula, lo enaltece, lo respeta y trata de mostrarle el camino para llegar a un buen fin. Y todo lo anterior, dando ejemplo de cómo se hacen las cosas.

Si asumo como buena la definición de Carmen, se me hace bastante difícil encontrar algunos líderes en esta sociedad en que vivimos. Encontrar gente que se ponga al frente del grupo es tremendamente fácil. Son muchos los que quieren mandar, estar en el candelero, salir en la prensa. Son legión los que "matan" por estar en las listas, por llegar a la cúspide, por conseguir el aplauso, pero no sé si encontraremos alguno que estimule a su gente, que la enaltezca respetándola y que le sirva de guía para conseguir un buen fin. La mezquindad en los que mandan es moneda común. La falta de respeto hacia los compañeros y subordinados, cuando no la amenaza y el chantaje están presentes con demasiada frecuencia en muchos ámbitos de la vida política y laboral. La escasez de miras a largo plazo para buscar objetivos ambiciosos y encontrar los medios para lograrlos es lo más común en la mayoría de nuestros "líderes". Y además, muy pocas veces son ejemplo de nada bueno, antes bien, mejor no los imitemos nunca.

Si al final Carmen va a llevar razón. Líderes de traje y boquilla hay a montones, pero LÍDERES con mayúscula, vamos a empezar a buscarlos hasta que encontremos alguno. Suerte para quién lo encuentre. 

domingo, 4 de mayo de 2014

El aura

La otra mañana amaneció deliciosa en Granada. Estos días finales de abril, si el tiempo se porta, da gusto pasear por las calles del centro. Los turistas más madrugadores ya se arremolinan formando grupos por las plazas más típicas dispuestos a comenzar el periplo cotidiano con las cámaras en ristre. Yo había quedado con mi amigo Pepe para hacer unas gestiones a ver si conseguimos cuajar alguno de los proyectos que nos rondan por la cabeza. Lo bueno de estar en paro (que algo bueno tiene) es que el tiempo toma otra dimensión. Se hacen muchas cosas, pero el ritmo es diferente a cuando estás sometido a la dictadura del reloj. Aunque el dinero es escaso, como el tiempo nos sobra, decidimos tomar un chocolate con churros en la plaza de BibRambla. Y allí que nos sentamos como dos señores a disfrutar de la mañana y del platico de churros. Cuando ya degustábamos nuestro excelente chocolate, sentimos como una presencia sobrenatural. Algo en el ambiente se salía del devenir cotidiano transmitiéndonos una extraña sensación.Una vibración sobrehumana trataba de llegar hasta nosotros. Al principio los dos miramos hacia la torre de la catedral  por si un efluvio divino emanaba de sus muros. Pero ninguna luz extraña salía de sus ventanales. La gente paseaba tranquila sin que de su presencia advirtiéramos ninguna sensación sobrehumana. De repente vimos el aura. Detrás de nosotros había una larga mesa, pulcramente habilitada con blancos manteles y servilletas de lino y adornada con pequeños jarrones con flores. Era la única mesa en nuestro entorno adornada de esa manera.  Los demás simplemente utilizábamos servilletas de papel. Un aura celestial rodeaba a los comensales (desayunadores matutinos). Los caballeros, de traje riguroso y las señoras, muy vestidas ellas. Todo eran parabienes y aleluyas. Las sonrisas, presentes en todas las bocas, eran amplias, tan amplias que quizás faltaran churros para poder rellenarlas. Esa mesa, como caída del cielo, sin duda, no parecía estar en el sitio adecuado. Esa guapura. Esa simpatía. Ese caché. Ese tronío no pertenecían al mundo de los mortales. Los demás, ni teníamos servilletas, ni teníamos manteles, ni teníamos flores, sólo teníamos nuestros chocolates con churros y muchas ganas de pasarlo bien. Pasado un rato y cansados de mirar y remirar a ver de dónde podía emanar esa presencia tan especial, de pronto, como San Pablo, caímos del caballo y nos dimos cuenta de lo que pasaba. No era nada sobrenatural. Simplemente eran políticos. Políticos guapos de moda en campaña, dispuestos a pedir el voto a la gente que come churros sin mantel. 

viernes, 25 de abril de 2014

Grupo abierto

No soy yo muy de citar frases. Ni mi memoria, ni quizás tampoco mis conocimientos, me permiten ir por la vida citando autores. Ya me gustaría a mí tener la cabeza de mi amigo José Manuel, que a poco que leas algo suyo ya tiene varias citas en el papel con un amplio conocimiento de obra y autor. A pesar de este impedimento mío, hoy sí voy al citar al maestro Ortega y Gasset con aquella frase épica de "yo soy yo y mis circunstancias". No sé si viene a cuento, pero sí es cierto que todos estamos condicionados en nuestros pensamientos, en nuestras creencias y en nuestras opiniones por el entorno donde nos movemos. Por aquello que oímos. Por aquello que cotidianamente vemos. Y yo hay cosas que veo y que no me gustan nada. Estoy hablando ahora del mundo laboral. Creo que esta crisis (maldita crisis) ha traído un retroceso importantísimo para los trabajadores de este país. Y no sé si ha sido tanto desde un punto de vista legal o más bien se ha producido en los comportamientos y actitudes de los que mandan. No voy a entrar en los aspectos legales de los cambios. Esos que los valoren los expertos y que nos digan de una vez el modelo económico y de sociedad que quieren para España. Si la competitividad la vamos a ganar bajando sueldos o mejorando la productividad de las empresas con inversiones e imaginación. Me preocupa mucho más el mundo de los comportamientos de los directivos. Algo importante se ha movido en ese terreno. Tengo la impresión, quizás sea sólo una impresión, de que la vida laboral de los trabajadores se ha convertido en un pequeño infierno con actitudes de gestión cercanas a la esclavitud. Las presiones, los chantajes, los malos modos, las voces y los insultos, incluso , han salido a la luz de una forma descarada y soez. Estas actuaciones, que siempre han podido existir de una forma larvada, se han destapado sin miramiento ante la falta de trabajo y la necesidad de sobrevivir. Hoy se traga mucho más. Se aguantan muchas más cosas bajo el chantaje de que te vas al paro y te dejo sin trabajo. Y además, se aguantan muchas cosas que no son necesarias para el trabajo ni para la supervivencia de la empresa. Simplemente, en los momentos extremos, se desarrolla con más vehemencia el lado oscuro del ser humano y aparece el miedo. Se crea la cultura de la divinidad. El presidente es dios y cualquier jefe con mando en plaza pertenece al coro de los ángeles. Y ni a dios ni a los ángeles se les cuestiona nada ni se les lleva la contraria. Aparece el poder de la condenación eterna. El representante divino se arroga la potestad de enviarte a las tinieblas del paro y ante eso cualquier rodilla se inclina. 

¿Visión catastrofista?, sí, pero es la mía. Es la que tengo porque es lo que a diario veo. Sin duda me va a venir bien asistir al foro de Grupo Abierto que vamos a celebrar en el Palacio de Congresos de Granada el próximo martes, 29 de abril a las seis de la tarde, para debatir sobre la gestión de recursos humanos en tiempos de austeridad. Quizás, el compartir opiniones con empresarios y trabajadores, aporte a mi mente nuevas imágenes y nuevas ideas que hagan un poco menos subjetiva la visión que hoy tengo de un mundo de empresa esencialmente divino.

Si alguien quiere asistir, puede hacerlo mandando un correo a la dirección incluida en el folleto. Puede ser interesante


sábado, 19 de abril de 2014

Mi pequeño homenaje

No recuerdo a ciencia cierta cuándo fue. Probablemente, por los datos de la foto, un cinco de marzo de 2006. Si nadie lo desmiente, yo en esa fecha me encontraba de viaje en Cartagena de Indias. Un viaje de placer con muchos compañeros de trabajo en una ciudad realmente maravillosa que ha sabido guardar con un mimo excepcional la esencia de sus orígenes. Como todos los viajes organizados por esa empresa, el de Cartagena de  Indias también fue un viaje estupendo. Los paseos por sus calles coloniales. El sabor a la España antigua. La visita a las tiendas de esmeraldas. El paseo, frustrado para mí por motivos que no vienen al cuento, en galeón por la bahía, regado con abundante ron colombiano. El frescor de sus casas coloniales. Cartagena de Indias es una ciudad para perderse mucho tiempo entre sus calles.


Y allí estaba Él. Una de las noches, mientras cenábamos en el hotel, alguien me dijo: "García Márquez está en el bar". Yo al principio pensé que era una broma. No sería la primera vez. Pero el compañero insistía en que era cierto, que estaba con una señora elegante tomando una copa en el bar del hotel. A partir de ahí no me lo pensé dos  veces. Yo, que nunca he sido lanzado para abordar a nadie, dejé mi cena tal cual estaba y corrí hasta la tienda del hotel para comprar un libro suyo con la intención de que me lo dedicara. Pero ahí no me acompañó la suerte. Era demasiado tarde y la tienda ya estaba cerrada. Tampoco me importó mucho. Me fui para la mesa donde estaba con su acompañante y excusándome como pude creo que le dije lo siguiente: "Perdonen que les moleste, pero soy un español ferviente admirador suyo y sólo quería saludarle". Él muy tranquilo, a pesar de mi intrusión, me respondió las siguientes palabras: "Encantado de saludarle, pero yo no soy digno de admiración". Ante esta respuesta, en un primer momento llegué a pensar que me había equivocado de persona, que a lo mejor no era García Márquez,  pero enseguida me di cuenta que el hombre que tenía delante era mucho más grande de lo que yo pensaba. Un escritor de su valía me decía que no era digno de admiración. La de vueltas que le he dado a esas palabras pensando en la cantidad de cantamañanas que van sacando pecho por la vida sin haber hecho nada para merecerlo. Después vino la foto y la despedida. Y yo me vine para España con la gran ilusión de haber saludado al maestro.
Gracias D. Gabriel

lunes, 14 de abril de 2014

¿Será mi perro nacionalista?

Nunca fui yo muy amigo de perros, pero desde hace año y medio aproximadamente comparto tiempo y espacio con un estupendo perro labrador. Bianco para los amigos. Es juguetón, cariñoso, familiar, cabezón, amable, noble. En fin, un carácter típico de su raza. Tan bueno es el bicho que, a pesar de nuestras diferencias de criterio en algunos aspectos, le estoy tomando cariño. Normalmente nos llevamos bien. Paseamos juntos. Nos divertimos juntos. Yo le doy su comida. El me da lametones. Nuestra convivencia es plácida y agradable hasta que aparece el tema territorial. Es en ese aspecto donde existe una guerra larvada que, en algunos momentos, estalla en una crisis política de alto voltaje y que puede terminar llevando nuestra relación de convivencia a una situación insostenible. Principalmente por motivos de higiene, Bianco tiene limitado el paso a zonas sensibles de la casa como son el dormitorio y la cocina. El resto todo es suyo y por allí campea a sus anchas, pero, especialmente la cocina, quiero que sea territorio vedado. Y ahí es donde comienza el conflicto. Bianco es inteligente y él sabe con claridad donde están sus límites. El marco de la puerta de la cocina marca la separación de nuestros territorios. Él lo conoce, a veces lo admite, pero casi nunca lo respeta. Una y otra vez insiste e insiste e insiste e insiste, hasta que una vez me pilla con la moral baja o la ternura subida y yo, por hacer una gracia, le franqueo el paso. ¡Derecho consolidado! Es lo peor que se puede hacer. A partir de ahí la guerra se incrementa. Una vez que le he dado un trozo de comida o le he propiciado una caricia dentro de la cocina, Bianco interpreta que es territorio libre y lo sigue intentanto "ad eternum". Nunca se cansa. Nunca se da por vencido.Una y otra vez trata de traspasar el umbral que tiene asignado. Aprovechándose de mi debilidad va consiguiendo losetas de la cocina. Una a una. Poco a poco. Sin descanso hasta conseguir su objetivo.
El otro día mientras desayunaba, escuchaba en la radio una tertulia matutina sobre cierto conflicto nacionalista. Bianco con las patas delanteras en sus losetas conquistadas, me acompañaba en mi tranquilidad. Hablaban de las cualidades y características de ese tipo de ideología. Persistente, astuta, cansina, demagoga, aprovechada, insistentes, erre que erre, erre que erre, y más de lo mismo.... De pronto me surgió una terrible duda: ¿será mi perro nacionalista?

sábado, 4 de enero de 2014

Adios a Mizoran

Según acabo de ver en las entradas de este blog, era el 16 de marzo de 2012  cuando publicaba un artículo en el que expresaba mi alegría por la asignación de orfanato a una persona muy cercana a mí. Aquello parecía un gran paso. Un paso importantísimo hacia la consecución del objetivo final que no era otro más que la llegada de ese pequeño personaje que tanto se desea. En aquella fecha, después de dicha noticia, parecía que la asignación de un pequeño parecía más que inminente. Ya sabíamos el sitio de donde vendría. Miramos fotos. Contactamos con personas que tenía niños de allí. Retroalimentamos la ilusión sin pensar que esto no funciona así. El orfanato estaba en el estado Indio de Mizoran. Después de casi dos años de silencio y espera, Mizoran se ha diluido en la bruma del tiempo. Durante este tiempo nadie dice nada. Silencio y más silencio. Y mucha espera. Llega un momento en el que casi te olvidas que estás enfrascado en un proceso de adopción. Ha pasado un año y nueve meses, pero cuatro largos años desde el inicio de los trámites. Un año y nueve meses en el que juegan con las esperanzas y los anhelos de la gente como si fuera un trámite burocrático más. En todo este tiempo no ha habido ni un solo niño en dicho orfanato que merezca ser adoptado. 

Al cabo de este tiempo comunican el cambio de orfanato. Esta vez no sé como se llama. Tampoco nos importa. Si tiene que ser, será, y si no, a otra cosa. Sólo un ruego, que no jueguen con la gente.

martes, 25 de junio de 2013

Los mínimos

Dice mi amigo Marcelino que tengo cierta querencia a escribir sobre temas relacionados con mi antiguo trabajo. Quizás sea verdad. Tendré que repasar todos los artículos escritos en este blog y hacer un análisis estadístico   sobre los diferentes temas que he ido tratando, pero seguro que si lo dice Marcelino, sin duda que es verdad. Creo que esa querencia es normal en todas las personas. Salvo los que saben de todo, véase  ciertos comentaristas, el resto solemos hablar de aquello que nos es más cercano por proximidad o por conocimiento. Y para mí, por desgracia en los tiempos que corren, el mundo de la banca/cajas, me es tremendamente cercano. No en vano, en él he trabajado durante más de treinta y dos años y un día, sin que sea una condena, hasta que el sutnami que ha destrozado el País me llevó por delante junto a miles de compañeros. Así que si hay alguien responsable de la crisis en este país, ese soy yo. 

Precisamente por mi presunta responsabilidad en todo lo que está pasando, hoy, en este escrito no pienso tocar, ni de pasada, temas que afecten al negocio bancario. No vaya a ser que me sitúe en una posición políticamente incorrecta y caigan sobre mí todos los males de la ultraprogresía de esta España (perdón) en que vivimos. El tema de los bancos lo dejaré para otro día. Hoy me gustaría hacer algún comentario sobre algo que está muy de moda: las cláusulas suelo. Al fin y al cabo son cosas que no termino de entender y quizás alguien que lea estas líneas pueda aportar alguna luz para su comprensión por mi intelecto.

Analizando mi mundo económico, la verdad es que veo mínimos por todos lados. Son muchísimas las transacciones económicas en las que las empresas, de una forma directa o indirecta, aplican un  mínimo a los precios que establecen. Al revisar el recibo de la luz, resulta que hay un concepto que pagamos aunque no se encienda una bombilla. Algo así como la potencia contratada. Da igual que ponga la lavadora o que lave los trapos a mano. Yo, gaste o no gaste, religiosamente pago. Y no lo entiendo. Ni el señor de la compañía de la luz ni ningún notario han conseguido explicármelo. Es más, ni siguiera lo han intentando. Pero es que resulta que lo mismo pasa con varios conceptos del recibo del agua. No tienen más que comprobarlo. Dejen un mes el grifo cerrado y verán el recibo que les viene a pesar de no haber gastado nada. Comprueben además el recibo del teléfono. Consumo, siete euros. El resto, hasta cincuenta, que alguien me lo explique. ¿Serán esto cláusulas suelo?

En todos los recibos que he analizado hay conceptos fijos que irremediablemente pagas independientemente de que consumas o no. Pero es que resulta que ni el super de moda, ni la tienda de muebles desmontados, me trae la compra a casa a no ser que el importe de la misma pase de un umbral determinado. Quizás estoy obsesionado, pero yo veo cláusulas suelo por todos lados. También el que me trae a casa la compra que he hecho por internet, pone un mínimo al precio de su envío. Comprueben ustedes las tarifas en muchos parkings. Primer minuto: un euro. Resto de minutos: dos céntimos. Hasta los bares de copas utilizan esta cláusula: Primera copa: seis euros. Segunda: Gratis. La última duda que me ha surgido es si será cláusula suelo la bajada de bandera de los taxis. Sólo por entrar, ya cobran unos eurillos. Y no voy a entrar en tasas del sector público o semipublico o lo que cobran algunos representantes laborales por sus gestiones. Todo el mundo parece que tiene unos costes de estructura que cubrir por debajo de los cuales no le merece la pena trabajar.

Visto lo visto y dado que yo no entiendo esto de los mínimos, ni un señor notario me lo ha explicado cuando entro al parking, creo que deberíamos crear una plataforma de "Stop mínimos" hasta conseguir que algún tribunal nos respalde para tu total eliminación.

Y por cierto. Se me ha roto el auto. No entiendo de coches ni nadie me explicó cuando lo compré cómo funcionan los motores, ¿No podría pedir al fabricante que me devolviera la pasta que me costó?